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To name a mountain

27,00

En la primavera de 1863, el paisajista Albert Bierstadt, emprendió su segundo viaje a través de las Montañas Rocosas con su amigo el escritor Fitz Hugh Ludlow. La historia dice que durante el viaje, el pintor quedó deslumbrado ante la vista de una descomunal montaña. Inmediatamente realizó un boceto donde una oscura y grisácea tormenta atraviesa un horizonte imaginario de cumbres agigantadas. Bierstadt tituló a su obra “A storm in the Rocky Mountains, Mount Rosalie” en honor de la mujer de su compañero de expedición.

“To name a mountain” es el proyecto ganador del V Premio Galicia de Fotografía Contemporánea que concede el Festival Outono Fotográfico.

EncuadernaciónRústica
ISBN978-84-09-01759-1
EAN9788409017591
Páginas72
EditorialCuadernos de la Kursala
Año2018
IdiomaCastellano, Inglés
TiradaEdición de 725 ejemplares
Co-ediciónWitty Kiwi

Sinopsis

En la primavera de 1863, el paisajista Albert Bierstadt, emprendió su segundo viaje a través de las Montañas Rocosas con su amigo el escritor Fitz Hugh Ludlow. La historia dice que durante el viaje, el pintor quedó deslumbrado ante la vista de una descomunal montaña. Inmediatamente realizó un boceto donde una oscura y grisácea tormenta atraviesa un horizonte imaginario de cumbres agigantadas. Bierstadt tituló a su obra “A storm in the Rocky Mountains, Mount Rosalie” en honor de la mujer de su compañero de expedición. La obra resultante, fue interpretada como una representación del tormento emocional en el que Bierstadt se encontraba y la montaña, sin nombre hasta la fecha, pasó a llamarse Mount Rosalie en honor de la mujer que Bierstadt secretamente amaba. La gran mayoría de críticos pensaron que Mount Rosalie era imposiblemente alta. La pintura y la obra de Bierstadt parecen hablar sobre el deseo pero siempre a través del exceso y la transgresión de una realidad que sólo resultaba sugerente para el artista cuando era dirigida por su imaginación. Su concepción de la belleza oscilaba entre la exaltación sublime de sus emociones y el efectismo calculado de las formas. Ambas nociones contradictorias aunque, ¿no es una osadía y una frustración a partes iguales, intentar alcanzar una cumbre elevada? A pesar de ello, el acto de nombrar una montaña es un hecho cargado de poesía. Nos habla sobre el anhelo de posesión y permanencia. Nos recuerda, a través de la creación, la memoria de aquellos a los que amamos.


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