mars

Mars

30,00

Líneas, cortes, calles, trazos que se pierden en el borde. El borroneo de las formas como norma. Despliegue de la luz, curva de la sombra, un relato que se quiebra y que no nombra, solo muestra. La esquina espera quieta en la distancia. Los muros parpadean umbrosos junto al que camina apurado mientras putea el clima. El viento puede llevárselo todo en un solo instante. Fernando Santullo

Materia:
Etiqueta:
EncuadernaciónTapa dura
ISBN978-987-3751-22-6
EAN9789873751226
Páginas88
Año2017
IdiomaCastellano

Sinopsis

Líneas, cortes, calles, trazos que se pierden en el borde. El borroneo de las formas como norma. Despliegue de la luz, curva de la sombra, un relato que se quiebra y que no nombra, solo muestra. La esquina espera quieta en la distancia. Los muros parpadean umbrosos junto al que camina apurado mientras putea el clima. El viento puede llevárselo todo en un solo instante. Un caminante que casi no camina se planta, firme, en su batalla contra los elementos. Más viento. Golpes cortos, sin un jab que mida distancias. Un gancho pega en el hígado pero no se regodea en el dolor que genera. Solo señala que las cosas pueden ser de otra manera. Y que la belleza no se apega a convenciones. Que la belleza es un invento tan intransferible como el ojo que la construye. En las calles suenan canciones tocadas por músicos que ya no están en ellas. Pero suenan. La ciudad como marco y como explicación de la impureza. La pureza es, justamente, el enemigo de las ciudades. Un orden que no siempre ordena, unas reglas que a veces se aplican y a veces no. Tomarle el pulso a esa maraña y a su vibración no es una tarea cualquiera. Es una tarea que casi siempre marea. El frío cortante en el aire, la piedra quebrada que esconde en su herida el viejo barrio de pescadores. Los turistas en las terrazas al sol y abajo, atrás, late lo canalla, lo pobre, la penumbra que no se nombra. La gente justifica el callejeo en una trama de ejes simples. La gente es el resumen, la vida, la muerte, el amor y la huella. Restos de carmín en el borde de un vaso que antes estuvo lleno de cerveza con picón. El mercado viejo y sus puestos callejeros proporcionan los ángulos que necesita la metáfora. Las grúas levantan sus dedos metálicos y resumen la renovación constante del espacio urbano. La ciudad burguesa del presente no puede esconder sus aristas proletarias, de antenas incendiadas. Buen terreno para buscar, sabiendo que el equilibrista no puede dudar y que el boxeador a veces busca el clinch. Siga la línea y deje de seguirla cuando mejor le parezca, no hay más compromiso que el de mirar con el alma puesta en ello. Cualquier otra cosa sería una petite traición, un abaratamiento de la idea que resulta inadmisible cuando se pone tanto en juego. Y cuando deje la línea, arrímese al fuego. Haga carne en la poesía, que no necesita más justificación que la de ser. La foto registra, es verdad. Y al mismo tiempo construye y manipula. Genera sentido desde las tripas de quien le pone cuerpo al asunto. Y desde la frente también, que es donde se decide cuanto de concreto, cuanto de abstracto, de mimético y de catártico. Un baile pagano en el medio del melting pot incesante del presente. Se aleja veloz de lo lineal e inventa una realidad que escupe siempre desde la mirada. Las escaleras suben heladas hasta el parque y las caras atareadas pasan casi flotando. La imagen dice lo que las palabras no pueden. Fernando Santullo

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